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El origen de Roma es algo todavía desconocido. Las diversas teorías se basan en la información de los autores antiguos y en los diferentes tipos de hallazgos arqueológicos encontrados en Roma.
Por estos motivos, esta etapa inicial de la historia de Roma se ha venido situando más en el terreno de la leyendaque en el de la historia. Incluso se llegó a poner en duda la existencia del período monárquico.
Los historiadores de los siglos XIX y de buena parte del XX desestimaron la tradición y la historia de los primeros reyes de Roma (Rómulo, Numa Pompilio, Tulio Hostilio) así como la de la fecha fundacional, (753 a.C.), y ambas se catalogaron como meramente legendarias.
Ha sido ya avanzado el siglo XX cuando, gracias a la arqueología y a otras ciencias, se ha logrado revalorizar la tradición sustrayéndola de muchos elementos legendarios y de interpretaciones sospechosas.
Posiblemente, los primeros habitantes de Roma procedían de diversas partes y no tenían ni el desarrollo económico ni cultural de sus vecinos del norte, los etruscos, ni del sur, los sabinos y los latinos.
En el Palatino los arqueólogos encontraron los restos de un primitivo poblado del siglo VIII a.C. con enterramientos a sus pies. Parece ser, que partiendo de un núcleo la población se fue extendiendo por las laderas de las colinas próximas y, en el siglo siguiente, por el valle que había entre ellas.
Desde que la capital del Imperio de Oriente fue trasladada a Constantinopla y lo que quedaba del Imperio de Occidente fue llevado a Rávena, Roma perdió su poder quedando como única autoridad la del Papa que consolidó su poder con la ayuda de los lombardos y de Carlomagno.
Hasta el año 751, cuando fue invadida por los lombardos, Roma formaba parte del Imperio Bizantino. En el 756, Pipino el Breve otorgó al Papa el poder sobre regiones próximas a Roma, surgiendo los Estados Pontificios.
El desarrollo del antiguo cristianismo hizo que el Obispo de Roma adquiriese gran relevancia tanto religiosa como política y que llegase a establecer a Roma como centro del cristianismo. Hasta que se anexionó al Reino de Italia en 1870, Roma fue la capital de los Estados Pontificios.
Hasta el siglo XIX el poder papal mantuvo siempre una constante lucha con el Imperio Sacro Germánico y otros poderes en Europa. A pesar de ello Roma se enriqueció y llegó a tener un gran peso internacional.
Para lograr este crecimiento se dieron una serie de hechos que contribuyeron a ello: la ciudad fue el mayor centro de peregrinación durante la edad media, la institución del Jubileo, en 1300, los concilios, el mecenazgo papal convirtiéndose en foco del renacimiento sustituyendo a Florencia y su influencia cultural.
El poder papal continuo hasta el siglo XIX.
La Revolución francesa acabó con el poder papal. Con la revolución de 1848 Roma se incorporó a la nueva Italia y, tras la batalla de Porta Pia en 1870 (batalla llevada a cabo por Pío IX para mantener su soberanía sobre los Estados Pontificios), Roma se convirtió en la nueva capital de Italia.









